Girasol: la flor que siempre busca la luz

Contenido:

La flor protagonista de septiembre en nuestro viaje de 12 meses, 12 flores

Hay flores bonitas.

Hay flores elegantes.

Y después está el girasol.

Una flor que parece llegar al campo con una misión muy clara: buscar la luz y llamar la atención.

Por eso no podía faltar en nuestro recorrido de 12 meses, 12 flores. Y septiembre, con sus últimos días de verano y esa luz tan especial que empieza a cambiar, nos parece el momento perfecto para descubrir todo lo que esconde esta flor aparentemente sencilla.

Porque el girasol tiene bastante más historia de la que imaginamos.


¿De verdad el girasol sigue al sol?

Empecemos por desmontar una de las historias más conocidas.

Seguro que alguna vez has escuchado que los girasoles giran durante todo el día siguiendo al sol.

Pues… sí, pero no exactamente.

Cuando son jóvenes, los capítulos florales del girasol realizan un movimiento conocido como heliotropismo: durante el día siguen la trayectoria de la luz y por la noche vuelven a orientarse.

Pero cuando la flor madura ocurre algo curioso: deja de moverse de esa manera y normalmente queda orientada hacia el este.

¿Por qué?

Porque esa orientación hace que reciba antes el calor de los primeros rayos de sol, algo que puede favorecer la actividad de los polinizadores.

Así que sí: el girasol busca la luz.

Pero también sabe cuándo dejar de perseguirla.


Mucho antes de decorar nuestros campos

Aunque hoy lo asociemos inmediatamente con los campos de verano y con los ramos de flores, el girasol tiene una historia mucho más antigua.

Su origen está en América del Norte y fue cultivado por los pueblos indígenas mucho antes de llegar a Europa.

De hecho, el girasol no se cultivaba únicamente por su belleza.

Sus semillas eran aprovechadas como alimento y la planta tenía diferentes usos.

Con el paso del tiempo llegó a Europa y terminó conquistando jardines, campos, cocinas… y también el mundo del arte.


El girasol que terminó en un cuadro

Si hay una persona que consiguió convertir los girasoles en auténticas estrellas del arte, esa fue Vincent van Gogh.

Sus famosos cuadros de Los girasoles son probablemente una de las representaciones florales más reconocibles de la historia del arte.

Y tiene sentido que eligiera esta flor.

El amarillo intenso, la forma de la flor y esa mezcla entre sencillez y fuerza encajaban perfectamente con el lenguaje visual del pintor.

Curiosamente, Van Gogh llegó a pintar varias versiones de los girasoles porque quería utilizarlos para decorar la habitación que compartiría con Paul Gauguin.

Así que sí: aquellos girasoles que hoy vemos en los museos comenzaron siendo, en parte, una idea para decorar una habitación.


Una flor que no está sola

Aunque cuando miramos un girasol vemos una única flor enorme, técnicamente estamos viendo una inflorescencia.

Es decir, lo que parece una sola flor está formado por muchísimas flores diminutas.

Las pequeñas flores que se encuentran en el centro son las que producen las semillas.

Y las abejas lo saben perfectamente.

Por eso los girasoles son también un importante recurso para los polinizadores.

La próxima vez que veas uno, acércate.

Lo que parecía una flor gigante resulta ser todo un pequeño universo.


¿Y por qué se llama girasol?

Aquí no necesitamos complicarnos demasiado.

Su nombre común describe bastante bien su relación con el sol.

En inglés se llama sunflower, en francés tournesol y en italiano girasole.

Y su nombre científico es Helianthus annuus.

“Helianthus” procede del griego y combina las palabras relacionadas con el sol y la flor.

Parece que diferentes idiomas llegaron a una conclusión parecida:

esta flor tiene algo que ver con el sol.

Y no podemos decir que se equivocaran.


Una flor que transmite mucho sin decir una palabra

El girasol suele relacionarse con sentimientos muy positivos:

alegría, vitalidad, optimismo, energía y admiración.

Por eso es una flor especialmente bonita para regalar cuando queremos transmitir algo alegre.

Un cumpleaños.

Una felicitación.

Un “estoy pensando en ti”.

Un “gracias”.

O simplemente un pequeño detalle porque sí.

Y quizá esa sea una de las razones por las que funciona tan bien en floristería: no necesita demasiadas explicaciones.

Cuando aparece un girasol en un ramo, se nota.


Girasoles que también cuentan historias

Una de las cosas que más nos gustan de las flores es que nunca son solamente flores.

Un girasol puede formar parte de un ramo alegre y colorido, pero también puede combinarse con verdes, flores blancas o tonos naturales para conseguir una composición completamente diferente.

Puede tener un aire campestre.

Puede ser elegante.

Puede ser desenfadado.

Puede ser protagonista.

O simplemente aportar ese pequeño toque de luz que cambia todo el ramo.

En Flors Xúquer, floristería en Sueca, nos gusta precisamente eso: descubrir que una misma flor puede contar historias muy diferentes dependiendo de cómo la combinemos.


Y ahora una última curiosidad sobre el girasol…

El girasol es una planta de la familia de las Asteráceas, la misma familia a la que pertenecen margaritas, crisantemos y muchas otras flores que encontramos habitualmente en floristería.

Y hay otra curiosidad que nos encanta:

el girasol es la flor nacional de Ucrania.

Allí se ha convertido en un símbolo muy querido y reconocible, asociado a la identidad, la resistencia y la esperanza.

Una flor que, una vez más, demuestra que detrás de una apariencia sencilla puede esconderse una historia enorme.


Septiembre sabe a luz

Quizá por eso nos gusta tanto que el girasol sea nuestra flor de septiembre.

Porque septiembre no significa necesariamente que se haya acabado el verano.

Todavía queda luz.

Todavía quedan días largos.

Todavía quedan ganas de disfrutar.

Y el girasol parece recordarnos algo muy sencillo:

siempre hay que buscar la luz.

Este ha sido un nuevo capítulo de nuestro viaje de 12 meses, 12 flores.

En octubre cambiaremos completamente de escenario y descubriremos una flor mucho más pequeña, pero con una personalidad enorme.

¿Adivinas cuál será?

Nos vemos en octubre.

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